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Dolorosa Carta de Iris Pozas Horcasitas

septiembre 4, 2011

El fin de semana fueron localizados los cuerpos de nueve personas torturadas y ejecutadas en las afueras de la ciudad de Tepic, Nayarit.

Entre ellos, se encontraba Emiliano Pozas, quien fuera nieto del maestro Ricardo Pozas, acompañado de su suegro. Además entre las víctimas se encontraban un profesor de escuela y el grupo de jornaleros indígenas que se alojaba en su casa.

La macabra escena habla por sí misma acerca de la triste situación de exterminio que atravesamos como Nación.

Cumplo con hacerles llegar la carta que nuestra querida Iris le dedicó a su sobrino, embargada por la pena que desearía que no estuviera pasando su familia.

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Contra el anonimato de otro crimen 

Tengo en mis manos el único cuaderno de poemas de Emiliano Ricardo Pozas Iturbe, mi sobrino, nieto de Ricardo Pozas y de Isabel Horcasitas, su título: La muerte, el Tiempo y el Amor. 

Su autor ya no lo vio publicado porque hace unas horas  asesinos del crimen organizado entraron a su casa en la madrugada y lo sacaron junto con su suegro; pedían un “rescate” de dos millones de pesos; lo encontraron muerto a la orilla de la carretera Tepic-Aguamilpa junto con otro número aún no definido de asesinados..  No se me ocurre nada, el llanto ante este crimen tan absurdo me aniquila. 
Hay una desesperación, una sensación de desamparo, de impotencia, de rabia que sólo me lleva a conclusiones demasiado siniestras y desoladoras. 

Pienso que todo esto está planeado, que hay un acuerdo secreto, pero ya demasiado evidente de que conviene que vivamos en el terror y este es un signo que sólo se puede adjudicar a las dictaduras: si una población está paralizada por el miedo que genera el crimen organizado, el ejército, la policía federal y demás grupos paramilitares, estamos todos condenados a “vivir” en la sombra del miedo. 

Hoy ya no podemos decir que van cincuenta mil asesinatos, hace apenas unas horas se suman 50 ó 100 desaparecidos. 

¿Cómo vamos a nombrar esta infamia? Las palabras se van, no hay como nombrar esto; tal vez por esto Javier Sicilia ya no escribirá más un poema, no hay como expresar este dolor. 
Extrañamente el título del libro de mi sobrino aniquilado por esta guerra absurda, comienza con la palabra de nuestra actual realidad, la muerte.  Sí, es un tiempo de muerte, muertes que se van sumando y que no sabemos hasta cuando se detendrá su escalada. 
Dicen que ya hay millones de casas abandonadas, familias que desaparecen ante el miedo; el norte del país tomado por el narco, pero mi sobrino no tenía nada que ver con el narco; era un poeta que había dedicado su manuscrito a  sus padres y a los antropólogos eméritos, sus abuelos; solo tenía treinta y un años, una esposa y una criatura de apenas seis años. 
¿Qué mal había hecho Emiliano Ricardo Pozas Iturbe?  Para ganarse la vida hacia fotografía, era amoroso y dulce como sus poemas, de ellos transcribo uno: 
 
Diametral Paisaje 
Horizonte de azules 
este que gobierna 
en mi paraíso; 
ahí donde mueren 
los hombres, 
donde acaba el mundo, 
donde se rompen 
las esperanzas, 
que nos espera 
ahí al borde del abismo, 
a donde van tu amor 
y mi amor 
al fugarse 
de este paisaje 
intentando conquistar 
paraísos inexplorados 
 
¿Quién nos dará una palabra de consuelo? Tal vez los miles de dolientes que han sufrido lo mismo, pero estamos dispersos…sí, somos un país victimizado: miles de mujeres asesinadas, jóvenes, hombres maduros, niños ¿quién es el responsable si ya no es posible distinguir a 
criminales de los que quieren que identifiquemos como los guardianes del orden? 

¿Acaso somos muchos, la explosión demográfica del mundo les aterra a los oligarcas? 

¿Les parece buena la estrategia para aniquilar a la población? 

¿Ya no tienen los gobiernos mejor alternativa ante las urgentes demandas de empleo, educación, salud, vivienda y demás necesidades sociales, más que los asesinatos masivos? 

¿Por qué han sometido al pueblo a ser carne del crimen? 

No hay argumentos que puedan justificar esta guerra no declarada contra la sociedad civil, pero ejecutada al amparo de las madrugadas y del silencio de una masa desorganizada. 
Me uno al llanto furioso de viudas, madres, hermanos y amigos de las víctimas del crimen; mi dolor es también social.

Iris Pozas Horcasitas.

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